¿Qué se decía entonces?
Se consideraba poco realista acceder a este servicio, ya que no todos tenían acceso a una buena señal de internet o computador con cámara.
También se hablaba de la pérdida de información visual que la presencialidad ofrece a nivel no verbal, tales como la proxémica, la postura, los movimientos involuntarios, etc.
Se cuestionaba el setting terapéutico, como controlar los factores ambientales a distancia, y procurar la privacidad de la atención.
Y a nivel técnico, nos preguntábamos si era viable evaluar a través de esta vía, o si todos los modelos podían aplicar de manera remota. Claramente no existía suficiente información, pero tampoco un real interés por avanzar sobre este formato de atención.
Entonces, llego la pandemia.
Y comenzaron a aparecer nuevos conceptos como Teletrabajo, telepresencialidad, teleatención, teleterapia, clases online, atención a distancia, etc.
Con o sin la aprobación de todo el gremio, había que adaptarse a este nuevo estilo de trabajo. Quienes realizábamos atención clínica debíamos asumir que sin ser el escenario ideal de atención, había que hacerlo por esta vía.
En la academia se inicio un proceso de capacitación interna para que tanto docentes como estudiantes tuviéramos el conocimiento básico de como intervenir vía online, aparecieron manuales que resultaban ser adaptaciones de algunas experiencia registradas años atrás en otros países.
Y sin mucho preámbulo, comenzó la atención psicológica online. En este contexto resultaba además de una necesidad urgente.
Dos años después.
Se vuelve a la presencialidad, se retoman gran parte de las atenciones en el formato tradicional. Pero, aún se mantiene la teleatención como un servicio adicional para casos en los que se requiere.
Entonces, se concluye que:
1. ¿Qué características deben tener las usuarios, consultantes, pacientes online?
Población adulta es lo ideal, NNA se distraen con facilidad, no encienden cámaras, manipulan la plataforma de atención, y el tiempo de trabajo es reducido. Estamos pensando siempre en atención individual, resulta muy complejo poder atender a más de dos a través de una pantalla.
Que cuente con un dispositivo con cámara y sistema de audio para interactuar, y una buena señal de internet.
Que la persona procure un lugar privado para poder hablar. No es recomendable hacerlo en un espacio pública, frente a otros, con ruido de fondo o distractores constantes.
2. ¿Qué características deben tener las y los psicólogas/os que atienden online?
Deben considerar abordar temáticas de complejidad leve a moderada, y lograr distinguir la necesidad de atención médica, farmacológica o de otras especialidades. Se debe centrar en objetivos más bien concretos, ya que este formato de trabajo es óptimo para poder realizar seguimiento, supervisión y acompañamiento psicológico, pero no así, para profundizar en objetivos psicoterapéuticos más ambiciosos. Contener a distancia es sumamente complejo para quien se inicia en este formato.
Y sobre la evaluación psicológica, bien existen distintos tipos de instrumentos de evaluación, y claramente algunos no pueden ser aplicados de manera remota, no así algunas psicometrías breves, tipos de entrevista, e incluso algunos test gráficos.
Un aspecto no menor, se recomienda cobrar por adelantado, así aseguramos la asistencia a sesión.
3. ¿Otros aspectos a considerar?
Personas mayores, que tengan dificultad con plataformas online, se pueden atender vía telefónica. Así también cuando existen problemas de conexión o de señal.
Se puede complementar la teleatención con material asincrónico, como links para videos, cápsulas, infografías, o material audiovisual con características psicoeducativas.
Finalmente, la atención online no reemplaza la presencial, pero si es una herramienta que facilita la conexión y la oportunidad de recibir un servicio tan necesitado en tiempos actuales. La distancia no es un impedimento para poder acceder a la salud mental.





